Lalo Ángeles y su mezcal un esquema único de comercio justo

 
Lalo Ángeles y almácigo
 

"Si los compradores no vienen primero a conocer la finca, entonces no les vendo", son algunas de las palabras que recuerdo de Jaime Rengifo, un cultivador de colombia, cuando se presentó en un taller sobre cadenas cortas agroalimentarias (1). Señaló que los consumidores —y él mismo como productor— tenían la gran responsabilidad de entender las capacidades, necesidades y deseos de su contraparte para poder generar un sistema productivo y de consumo constante y benéfico para ambas partes.

 

Cadenas cortas Agroalimentarias para estrechar la brecha hacia el origen

Estos comentarios los he compartido ya con Eduardo “Lalo” Ángeles, un maestro mezcalero de Santa Catarina Minas en el estado de Oaxaca. Al ver la particular estructura para vender su licor recordé las palabras de Jaime Rengifo, ya que la mayor parte del mezcal que vende se hace directamente en su palenque envasado con una etiqueta que lleva su nombre y las especificaciones de su mezcal como los magueyes empleados, la graduación alcohólica y el método de producción (2). De esta forma Lalo cumple con aquella característica indispensable para Rengifo sobre el intercambio justo: conocimiento profundo por parte del consumidor sobre el producto que compra.

 

Las cadenas cortas agroalimentarias son un concepto que sintetiza un esquema de intercambio y convenios en el que los intermediarios se reducen al máximo para acercar geográficamente a productores y consumidores cumpliendo así diferentes objetivos como lo son precios más justos para ambos, consumo informado y conocimiento sobre el origen de los alimentos, en este caso un delicioso mezcal. Estos elementos se contraponen a las formas convencionales de intercambio de alimentos donde los consumidores no se interesan por el origen de sus alimentos, y en las ocasiones cuando surge el interés también surge la opacidad por parte de instrumentos mediáticos de las grandes corporaciones que suplen la gran demanda de alimentos de la población, aunado también a mecanismos de control legislativo que desinforman y confunden a los consumidores (tal fue el caso de la NOM 199, puesta en vigor el año pasado).

 

Con un esquema de “cadenas cortas” los productores como Lalo Ángeles pueden mostrar a los consumidores las grandes ventajas que tiene su cultivo realizado mediante prácticas agronómicas sustentables, además de que también se muestra como su práctica se inserta dentro del sistema integral de producción agroecológica conocido en México como milpa. Características que ofrecen al consumidor un producto de gran calidad a comparación de los que se elaboran a escala industrial.

 

Formación de capacidades e infraestructura para las cadenas cortas agroalimentarias

Por supuesto que Lalo no es el único productor que vende la mayor parte de su mezcal en el palenque. La mayoría de los productores de mezcal de pequeña escala venden su producto a un público local, muchas veces a gente que va hasta su hogar a comprar desde una copa hasta cientos de litros de mezcal a granel. Sin embargo la singularidad de Lalo y su marca de mezcal “Lalocura” es que el mezcal únicamente se vende envasado con su propia marca, una marca basada en el trabajo del equipo y el palenque que ha creado.

 

Para haber generado este tipo de intercambio Lalo Ángeles ha ocupado algo más que suerte y un par de contactos. Él tiene toda la tradición mezcalera que le fue heredada por parte de su familia, su experiencia técnica en el manejo del maguey y los procesos de producción, además de su gran pasión por el propio mezcal. Lalo dejó el palenque familiar a otros hermanos y creó el suyo hace cuatro años. Así nació el palenque “La Candelaria”, el nombre que tomó de su madre para dárselo a este emprendimiento de raíces rurales. Con “La Candelaria” Lalo tenía algo claro, tenía que ser un lugar capaz de producir constantemente buenos y ricos mezcales, además tenía que ser propulsado por gente local. De esta forma el palenque se ha convertido en una excelente muestra de infraestructura física y humana sólida capaz de elaborar mezcales sabrosos, además de que ahí mismo se comienza el germinado y cría de las plantas regionales y endémicas de Minas.

 

Cada vez que alguien visita “La Candelaria” Lalo puede guiar a las visitas, sin embargo también se ha llevado a cabo un proceso de formación personal para alentar las capacidades de expresión de los trabajadores del palenque, que ya conocen el proceso de producción y la forma de trabajo, para que puedan explicar detalladamente a los visitantes cómo funciona el palenque. Este es uno de los puntos de mayor contraste con otras pequeñas fábricas de mezcal donde los únicos responsables y capaces de explicar son los propios maestros productores de mezcal. Así que una gran parte del éxito de “La Candelaria” radica en alentar las capacidades de los trabajadores del palenque.

 

Degustando cultura y diversidad

Cuando los visitantes degustan un mezcal en la casa de Lalo conocen de forma experimental el proceso de producción, se dan cuenta del arduo trabajo; son capaces de identificar y mencionar algunas variedades de maguey; conocen a la gente que trabaja en el palenque y así la subsecuente degustación del licor se da bajo un contexto más integral sobre su importancia económica, histórica y cultural.

 

Los precios establecidos adquieren un sentido para los compradores. Debido a que no existen intermediarios el precio no se eleva para los consumidores y el productor tampoco tiene que abaratar su producto. Si bien no son precios baratos saben que el dinero, literalmente, es entregado en manos del productor. Los consumidores se vuelven colaboradores en cierto modo.

 

Basado en el intercambio transparente de productos se han logrado construir lazos de confianza entre las personas que lejos de ser simples consumidores, se vuelven aliados y muchas veces amigos de Lalo Ángeles y las personas que son parte del palenque de mezcal “La Candelaria” en Santa Catarina Minas.