Apuntes de economía mezcalera

 

"¿Y qué coños tiene que ver el mezcal con la economía? Soy mezcalero porque detesto la economía, y el término representa para mí únicamente horas perdidas en un salón de clases en aquellos años de universidad.", podrían preguntarse. Pero sí tiene muchas implicaciones.

Como bien nos lo han hecho saber, vivimos en un mundo económico. Es cierto. Y ahora lejos de hablar de modelos económicos, quiero hablar de las acciones que hacemos para administrar los bienes que son escasos, en este caso el Mezcal.

Si estás leyendo este blog, las posibilidades son que ya conozcas un poco sobre la tendencia actual de consumo de mezcal, y sepas que es la bebida más trendy de tu zona de gentrificación favorita. Y probablemente pienses que es muy bueno que el mezcal se esté dando a conocer como lo que realmente es: un elemento de calidad que representa cabalmente la identidad de los que lo hacen: fuerte y orgulloso. Como México. Probablemente también pienses que es excelente que haya tantos proyectos que ayuden a traer el mezcal a la comunidad urbana de aquellas apartadas comunidades rurales.

 ¿Todo es bueno? Definitivamente no.

Económicamente, la industria de mezcal artesanal actual ha brindado un buen crecimiento en las economías de las familias que trabajan para vender su producto para que sea traído a la ciudad. Eso es un hecho. Tan favorable ha sido esta situación que familiares de productores han regresado de la migración laboral en EUA para trabajar de nuevo haciendo mezcal. ¡Urra! ¡Una bebida embriagante logra lo que no logra la política! (Excepto que Trump haga lo suyo. Eso está por verse. Pero eso es otro tema.) Este es un logro maravilloso, sin embargo hay más cosas que tomar en cuenta.

A veces se suele percibir la macroeconomía como la economía a niveles muy grandes, la economía a niveles de países, inflaciones y tendencias globales, pero no siempre es así. A veces se puede llevar a ejemplo particulares muy prácticos.

El mezcal, como todo en el mundo, está dispuesto a una demanda y oferta del Mercado, así que ahora la amplia demanda de comercializadores de mezcal provoca que los productores traten de satisfacerla. Esta demanda consigo acarrea un incremento de precio: si hay más demanda, y se satisface, el precio incrementa. Este incremento en el precio provoca un desequilibrio cultural, pues el mezcal, como sabemos, no ocupa únicamente un valor económico en las comunidades, sino también un valor social, espiritual, gastronómico. Cuando el maestro mezcalilleros tiene oportunidad de vender un litro más caro que como lo hacía, tomará esa oportunidad. ¿Quién no? Es lógico. Pero esto provoca que el consumidor regular del pueblo que lo compraba antes, ya no lo pueda comprar y así satisfacer sus necesidades culturales. O en otro caso, provoca que el maestro mezcalillero venda todo su mezcal y como ya no vende mezcal al pueblo, ya no sea maestro mezcalillero de éste. 

Este es un problema: es tan sólo lógico, como mencioné, que uno venda lo que hace, tan caro como otro alguien pueda estar dispuesto a pagarlo, y que por tal motivo ya no se desee venderlo más barato. Esto probablemente parece una decisión personal, pero no lo es, es una decisión del Mercado y es en donde la referencia a la macroeconomía se hace presente: cuando la decisión de lo que producimos, a cuánto y a quién se lo vendemos es tomada por el mercado y no por nosotros como individuos, es una cuestión macroeconómica. Así, tan fácil, tan práctico y singular como ver que una persona ya no puede comprar mezcal en su pueblo.

Este texto no es para decir, "detengan todo", sino para incentivar la reflexión de lo que hacemos y que nuestros actos repercuten en la vida de otros. Somos seres gregarios, lo que hacemos tiene impacto social. 

Cuando perdemos poder en la toma de decisiones de lo que nosotros mismos producimos, sabemos que algo está yendo mal. Perdemos responsabilidades y derechos con nuestra propia cultura. Y entonces entran en juego términos como pérdida de la soberanía alimentaria, que es perdida de la soberanía cultural, es decir las pérdidas de nuestros derechos y obligaciones en las áreas humanas, social, económica, política, gastronómicamente. Un maestro mezcalillero no es más dueño de sus decisiones acerca del mezcal. Así como en la ciudad no somos dueños de lo que comemos, ni a qué precio lo compramos, como está en el tianguis es lo que hay, y nos fregamos.

Podemos decir, "no importa, que lo vendan, si a uno le va mejor, a su comunidad también y pueden obtener trabajo de ahí para volver a comprar el mezcal." Bueno, sí, pero entonces, ¿no estaríamos quitándoles la identidad, trayéndoles a nuestra cultura urbana de consumismo si incentivamos esa idea y en vez de trabajar la tierra, los animales sustentables, el campo, si en lugar de que hagan sus actos espirituales o recreativos los traemos al mundo de "trabaja para ganarte el derecho de vivir el ocio"?  ¿No ese estilo de vida calmado y honesto auténtico de los pueblos es lo que también nos enamora cuando tomamos mezcal? Por eso el tequila es otro concepto, porque ya no representa la identidad orgullosa y revolucionaria del mexicano ni la vida tranquila de antes porque únicamente se buscó su desarrollo económico.

Las campañas de gobierno para todos los sectores únicamente se enfocan en el desarrollo económico y no en la conservación cultural. Ahí está el tratado de libre comercio (TLCAN) que dejó sin chamba a muchos productores de México por traer productos de otros lados, y que además como algunos los atrajo a tal modelo, entonces los despojó de su cultura tradicional. Pero efectivamente el PIB del país aumentó. Ahora en el ecosistema mezcalero están las campañas "Caminos de Mezcal" y "Mezcales de Oaxaca", de las que en persona me enteré que solo se enfocan en el desarrollo económico con los empresarios que quieran fundar su marca. No es mi intención hacer ver mal algo o demonizar, tan solo quiero que nos demos cuenta qué consecuencia tienen nuestros actos.

Así como la tierra es de quien la trabaja, el mezcal es de quién lo produce. Dejemos que los maestrxs mezcalillerxs sean soberanos de su producción, que sean los representantes y caras del mezcal. 

Busquemos otra lógica, no la del "quiero acumular más". No la de "satisfacer obligatoriamente la demanda".